LA TARANTELLA


En el siglo XVII una enfermedad nerviosa, especie de danza de san Vito, se extendió por Italia del sur y en Sicilia. Los síntomas de esta enfermedad eran muy diversos: ciertos sujetos cantaban durante días enteros, o reían sin cesar o emitían sin descanso gemidos aterrorizantes, Algunos sufrían de insomnio, mientras que otros caían en letargo o no podían tenerse de pie. A menudo, los enfermos manifestaban grandes deseos de danzar.

Se descubrió en los alrededores de Tarento, y más tarde en otros lugares, una araña a la que se llamó tarántula y la que se hizo responsable de los trastornos psíquicos observados. Aunque los síntomas patológicos eran demasiado numerosos y demasiado variados para ser imputados en conjunto a la mordedura de la araña, la creencia popular y la medicina, que en esa época se hacía eco de ella, se contentaron con esa explicación.

El solo remedio que se conocía para este envenenamiento era una danza rápida a 6/8: la tarantela, Desde que los músicos entraban en escena y hacían sonar el tambor, el violín y la guitarra, los enfermos los acompañaban al comienzo en sordina, pero después el volumen y la gravedad de la voz se amplificaban hasta producir un canto salvaje y estático; después, danzaban durante horas o días hasta el momento en que el agotamiento los echaba por tierra. Dormían en seguida un día entero.

Los médicos actuales ya no hacen responsable a la tarántula de las crisis de manía o coreas histéricas que les toque observar. Sin embargo, en Sicilia, se danza todavía la tarantela, no para el disfrute de los turistas como en Capri o Sorrento, sino entre sí, en las comunidades rurales, con la más grande seriedad.

Ya en el siglo XVIII los historiadores señalaban el aspecto arcaico de esta danza. No hay duda hoy día que la tarantela deriva directamente de antiguas músicas de trance cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Su compás de 6/8, característico de muchas músicas de éxtasis y el carácter desenfrenado de las manifestaciones que ella provoca, tiende a situar su lejano origen en el marco de los cultos dionisíacos.

¿El veneno de la tarántula oculta algún principio activo que haya escapado a la sagacidad de los investigadores? Lo ignoramos. Sucede que la mordedura de la araña, entre los adictos tradicionales a la danza, no es ni accidental ni desagradable, pareciera ser que, al contrario, es deliberadamente buscada. El fuerte consumo de vino que se hace en esos periodos de alborozo contribuye a colocar la tarantela en el contexto general de la bacanal.

Danza curativa, danza de exorcismo, la tarantela permanece como uno de los ritos reguladores donde una comunidad expulsa en bloque las enfermedades y los fantasmas que la atormentan.