"EL LIBRO DE LOS MUERTOS"

El Juicio de Osiris representado en el Papiro de Hunefer (ca. 1275 a. C.) Anubis, con cabeza de chacal, pesa el corazón del escriba Hunefer contra la pluma de la verdad en la balanza de Maat. Tot, con cabeza de ibis, anota el resultado. Si su corazón es más ligero que la pluma, a Hunefer se le permite pasar a la otra vida. Si no es así, es devorado por la expectante criatura quimérica Ammyt, compuesta por partes de cocodrilo, león e hipopótamo. Viñetas como ésta eran muy comunes en los libros de los muertos egipcios.

El Libro de los Muertos es el nombre moderno de un texto funerario del Antiguo Egipto que se utilizó desde el comienzo del Imperio Nuevo (hacia el 1550 a. C.) hasta el 50 a. C. El nombre egipcio original para el texto, transliterado rw nw prt m hrw, es convencionalmente traducido por los egiptólogos como «Libro de la Salida al Día», o «Libro de la emergencia a la luz», aunque ninguna palabra que se pueda traducir como «libro» aparece en la denominación egipcia de este conjunto de hechizos mágicos funerarios. La traducción correcta de rw nw prt m hrw es: «Los vocablos (lit. bocas > 'voces' o 'enunciados') para salir a través de la luz». El texto consistía en una serie de sortilegios mágicos destinados a ayudar a los difuntos a superar el juicio de Osiris, asistirlos en su viaje a través de la Duat, el inframundo, y viajar al Aaru, en la otra vida.

El Libro de los Muertos era parte de una tradición de textos funerarios que incluye los tempranos Textos de las Pirámides y de los Sarcófagos, que fueron escritos sobre objetos, y no sobre papiros. Algunos de los sortilegios del Libro de los Muertos fueron extraídos de estos textos antiguos y datan del III milenio a. C., mientras que otras fórmulas mágicas fueron compuestas más tarde en la historia egipcia y datan del Tercer Período Intermedio (siglos XI-VII a. C.). Algunos de los capítulos que componían el libro siguieron siendo inscritos en paredes de tumbas y sarcófagos, tal y como habían sido los sortilegios desde su origen. El Libro de los Muertos era introducido en el sarcófago o en la cámara sepulcral del fallecido.

No existía un único y canónico Libro de los Muertos. Los papiros supervivientes contienen una variada selección de textos religiosos y mágicos y difieren notablemente en sus ilustraciones. Algunas personas encargaban sus propias copias del libro, tal vez con una selección de los sortilegios que consideraban más importantes para su propia progresión en la otra vida. El Libro de los Muertos fue comúnmente escrito con jeroglíficos o escritura hierática sobre rollos de papiro, y a menudo ilustrado con viñetas que representan al difunto y su viaje al más allá.

Parte de los Textos de las Pirámides, un precursor del Libro de los Muertos, inscritos en la Pirámide de Teti.

Origen y formación

El Libro de los Muertos se desarrolló como parte de una tradición de manuscritos funerarios que datan del Imperio Antiguo. Los primeros textos funerarios fueron los Textos de las Pirámides, usados por primera vez en la pirámide del rey Unis de la dinastía V, hacia el 2400 a. C. Estos textos se grababan en las paredes de las cámaras sepulcrales del interior de las pirámides y eran para uso exclusivo del faraón (y, desde la dinastía VI, también de su consorte). Los Textos de las Pirámides se escribieron en un estilo de jeroglíficos poco usual, pues muchos de los ideogramas que representan humanos y animales se dejaron incompletos o se dibujaron con mutilaciones, muy probablemente para evitar causar cualquier daño al faraón muerto. El propósito de los Textos de las Pirámides era ayudar al faraón muerto a ocupar su lugar entre los dioses, en particular a reunirse con su padre divino Ra. En este temprano período el más allá se situaba en el cielo, en lugar del inframundo descrito en el Libro de los Muertos. Hacia el final del Imperio Antiguo los Textos de las Pirámides dejaron de ser un privilegio exclusivamente real y fueron adoptados por los gobernadores regionales y otros funcionarios de alto rango.

En el Imperio Medio surgió un nuevo tipo de texto funerario, los Textos de los Sarcófagos, que usaban una nueva versión del lenguaje, nuevos sortilegios y, por primera vez, ilustraciones. Los Textos de los Sarcófagos se inscribieron comúnmente en las caras internas de los ataúdes, aunque ocasionalmente se han hallado en las paredes de las tumbas o en papiros. Estos textos estaban a disposición de particulares adinerados, con lo que así aumentó enormemente el número de personas que podían esperar participar en el más allá. Este proceso ha sido descrito como «la democratización del más allá».

El Libro de los Muertos se desarrolló inicialmente en la ciudad de Tebas hacia comienzos del Segundo Período Intermedio, alrededor del 1650 a. C. La primera aparición conocida de los hechizos contenidos en este libro son los textos del sarcófago de la reina Montuhotep, de la dinastía XVI, en el que los nuevos salmos fueron incluidos junto con textos más antiguos de los Textos de las Pirámides y de los Sarcófagos. Algunos de los hechizos introducidos en este momento parecen tener un origen anterior, caso de la rúbrica para el salmo 30B, que afirma que fue descubierta por el príncipe Dyedefhor durante el reinado de Micerino, muchos cientos de años antes de lo que atestigua el registro arqueológico.

Hacia la dinastía XVII el Libro de los Muertos se había extendido no sólo para los miembros de la familia real, sino también para otros cortesanos y funcionarios. En esta etapa los sortilegios se inscribían comúnmente sobre los sudarios de lino en los que eran envueltos los difuntos, y en ocasiones también han sido hallados sobre sarcófagos y papiros.

Durante el Imperio Nuevo se desarrolló y expandió considerablemente el uso del Libro de los Muertos. El famoso capítulo 125, el «Pesado del Corazón», aparece por vez primera en los reinados de Hatshepsut y Tutmosis III, c. 1475 a. C. A partir de este período, el Libro de los Muertos se escribió normalmente en un rollo de papiro y el texto se ilustró con viñetas. Durante la dinastía XIX en particular las viñetas se hicieron de gran riqueza, con preeminencia sobre el texto. En el Tercer Período Intermedio el Libro de los Muertos comenzó a aparecer en escritura hierática además de en los tradicionales jeroglíficos. Los rollos hieráticos fueron una versión más barata, producidos en papiros más pequeños y con sólo una pequeña viñeta en principio. En la misma época muchos enterramientos usaban otros textos funerarios, como el Libro del Amduat.

Durante las dinastías XXV y XXVI el Libro de los Muertos se actualizó, revisó y estandarizó. Los sortilegios fueron ordenados y numerados por primera vez, dando lugar a la versión que hoy llamamos «Recensión saíta» por la Dinastía Saíta. En el Período tardío y el Ptolemaico el Libro de los Muertos se mantuvo sobre la base de esta revisión, aunque cada vez más abreviada hacia el final del período Ptolemaico. Aparecieron nuevos textos funerarios, como los Libros de las Respiraciones o el Libro del Recorrido de la Eternidad. El Libro de los Muertos se dejó de usar en el siglo I a. C., aunque algunos vestigios artísticos sacados de él indican que se siguió usando en época romana.

El místico Sortilegio 17, del Papiro de Ani. La viñeta superior ilustra, de izquierda a derecha, al dios Heh como una representación del mar, una puerta de entrada al reino de Osiris, el Ojo de Horus, la vaca celestial Mehet-Weret y una cabeza humana emergiendo de un ataúd custodiado por los cuatro Hijos de Horus.

Sortilegios

El Libro de los Muertos se compone de una serie de textos individuales acompañados de ilustraciones. La mayoría de sus capítulos comienzan con la palabra ro, que puede significar boca, habla, un capítulo de libro, pronunciación o sortilegio. Esta ambigüedad refleja la similitud de pensamiento en egipcio entre el discurso ritual y el poder mágico. En el contexto del Libro de los Muertos se suele traducir como «capítulo» o «sortilegio», y de ambas maneras serán referidos en este artículo.

En la actualidad se conocen 192 sortilegios, aunque ningún manuscrito individual los contiene todos. Sirven a una gran cantidad de propósitos. Algunos están destinados a dar al fallecido conocimientos místicos en el más allá, o identificarlos a ellos con los dioses, caso del sortilegio 17, una oscura y larga descripción del dios Atum. Otros son encantos para garantizar que las diferentes partes de un fallecido son preservadas y reunidas, o también para otorgar al muerto el control sobre el mundo que le rodea. Algunos protegen al difunto de fuerzas hostiles, o lo guían a través de los obstáculos del inframundo. Los más famosos son los capítulos referidos al juicio de Osiris en el ritual del Pesado del Corazón.

Los textos y las imágenes del Libro de los Muertos eran tanto mágicos como religiosos. La magia era una actividad tan legítima como el rezo a los dioses, aun cuando la magia estaba dirigida a influir en los propios dioses. De hecho, para los antiguos egipcios hay poca diferencia entre las prácticas mágicas y religiosas. El concepto de magia, heka, estaba íntimamente ligado a la palabra escrita y hablada, por lo que el acto de pronunciar un ritual era una acción de creación; la acción y la pronunciación se consideraban lo mismo. El poder mágico de las palabras se extendió a las palabras escritas. Los egipcios creían que los jeroglíficos eran un invento del dios Tot y gozaban de poder, pues también transmitían toda la fuerza de un sortilegio. Esto era efectivo incluso cuando el texto se acortaba u omitía, como ocurre en los rollos tardíos del Libro de los Muertos y en los que las imágenes gozaban de mayor protagonismo. Los egipcios también creían que conocer el nombre de algo les daba poder sobre ello, por lo que el Libro de los Muertos dotaba a su propietario de los nombres místicos de muchas de las entidades que se encontraría en el más allá y de poder sobre ellas.

Los sortilegios del Libro de los Muertos hacen uso de varias técnicas mágicas que también podían ser usadas en otras áreas de la vida egipcia. Algunos son para amuletos mágicos que podían proteger a los muertos de cualquier daño. Además de ser representados en los papiros del Libro de los Muertos, estos sortilegios han aparecido en amuletos envueltos junto con la momia. La magia diaria hacía uso de un gran número de amuletos. Diferentes artículos que estaban en contacto directo con el cadáver en la tumba, como el soporte de la cabeza, también tenían valor de amuleto. Otros sortilegios también se refieren a las creencias egipcias sobre el poder mágico y curativo de la saliva.

Organización

Casi todos los ejemplares del Libro de los Muertos eran únicos, pues contenían una selección distinta de sortilegios de todo el corpus de textos disponible. Durante la mayor parte de su historia el libro no tuvo orden o estructura definida. De hecho, desde el temprano estudio de Paul Barguet de 1967 sobre los temas comunes entre los diferentes textos, los egiptólogos concluyeron que no había ninguna estructura interna. Fue sólo desde el Período Saíta (la dinastía XXVI) en adelante cuando se dotó al libro de organización.

Los Libros de los Muertos de la época Saíta tienden a organizar los capítulos en cuatro secciones:

Conceptos egipcios de la muerte y el más allá

Los sortilegios del Libro de los Muertos reflejan las creencias egipcias sobre la naturaleza de la muerte y el más allá, por lo que es una fuente vital de información acerca de las creencias egipcias sobre esta materia.

Representación del ba, uno de los componentes del espíritu humano

Preservación

Según las creencias egipcias, un efecto de la muerte era la desintegración de los kheperu, o modos de existencia, por lo que los rituales funerarios servían para reintegrar estos diferentes aspectos del ser. La momificación preservaba y transformaba el cuerpo físico en un sah, una forma idealizada con aspectos divinos. El Libro de los Muertos contiene sortilegios destinados a preservar el cuerpo del fallecido y muchos de ellos debían ser recitados durante el proceso de momificación. El corazón, considerado como aspecto del ser con inteligencia y memoria, también era protegido con sortilegios, y si se daba el caso de que el corazón físico hubiera resultado dañado, era común enterrar escarabeos enjoyados junto al cuerpo para servir como su remplazo. El ka, la fuerza vital, permanecía en la tumba con el cuerpo muerto y requería el sustento de las ofrendas de comida, agua o incienso. En el caso de que los sacerdotes o los familiares no incluyeran estas ofrendas, el sortilegio 105 aseguraba la satisfacción del ka. El nombre del fallecido, que constituía su individualidad y era requerido para su existencia continua, era escrito en varios lugares a lo largo del libro y el sortilegio 25 se cercioraba de que el difunto recordaba su propio nombre. El ba era la fuerza anímica del muerto y era éste, representado como un ave con cabeza humana, el que podía «salir al día» desde la tumba. Los sortilegios 61 y 89 actuaban para preservarlo. Finalmente, la sombra del difunto era salvaguardada por los sortilegios 91, 92 y 188. Si todos estos aspectos de la persona se podían preservar, saciar y recordar de distintas maneras, entonces el difunto podía vivir en la forma de un Aj, un espíritu bendecido con poderes mágicos que podía morar entre los dioses.

Más allá

La naturaleza del más allá que los fallecidos disfrutaban es difícil de definir, sobre todo por las diferentes tradiciones dentro de la antigua religión egipcia. En el Libro de los Muertos los difuntos eran llevados ante la presencia del dios Osiris, deidad confinada en la Duat del inframundo. Había sortilegios destinados a que el Ba o el Aj del fallecido se unieran a Ra en el viaje por el cielo en su barca solar y le ayudara a luchar contra Apep. Además de la unión con los dioses, el Libro de los Muertos también describe a los muertos vivientes en el «Campo de Juncos», una versión paradisíaca, abundante y exuberante del Egipto real, en la que había campos, cosechas, ríos, animales y gente. Al fallecido se lo veía encontrándose con la Gran Enéada, un grupo de dioses, así como sus propios parientes. Aunque el Campo de Juncos se entendía como placentero y generoso, requería de trabajo manual, razón por la cual en los enterramientos se incluían numerosas pequeñas estatuas llamadas ushebti que iban inscritas con sortilegios, también incluidos en el Libro de los Muertos, y a las que se le requería hacer cualquier trabajo manual que el fallecido necesitara en la otra vida. Los difuntos no sólo iban al lugar en que moraban los dioses, sino que también adquirían características divinas, razón por la que en el Libro de los Muertos se les menciona en numerosas ocasiones como «El Osiris-[nombre]».

En el registro superior, Ani y su esposa encaran las «Siete puertas de la Casa de Osiris». A continuación, se encuentran diez de los veintiún «Misteriosos portales de la Casa de Osiris en el Campo de Juncos». Todos están protegidos por temibles guardianes.

Según describe el Libro de los Muertos, el camino hacia el más allá estaba plagado de dificultades. A los fallecidos se les requería atravesar una serie de puertas, cavernas y montañas vigiladas por criaturas sobrenaturales y aterradoras que iban armadas con enormes cuchillos. Son representadas con formas grotescas, normalmente con cuerpos humanos y cabezas animales, o con la combinación de diferentes bestias. Sus nombres, como por ejemplo «El que vive entre las serpientes» o «El que baila en sangre», son igualmente grotescos. Estas criaturas debían ser pacificadas con la recitación de los sortilegios adecuados incluidos en el Libro de los Muertos, destinados a eliminar su amenaza e incluso pasar a gozar de su protección. Otro tipo de criaturas sobrenaturales eran los «asesinos», que mataban a los injustos en nombre de Osiris. El Libro aleccionaba a su propietario para escapar de su atención. Además de estas entidades sobrenaturales, había otras amenazas de animales reales o imaginarios, como cocodrilos, serpientes o escarabajos.

Juicio

Si todos los obstáculos de la Duat eran salvados, el fallecido era juzgado en el ritual del Pesado del Corazón, descrito en el famoso Sortilegio 125. El fallecido era guiado por el dios Anubis ante la presencia de Osiris, donde debía jurar que no había cometido ningún pecado de una lista de 42, mediante la recitación de un texto conocido como la «Confesión Negativa». Entonces el corazón del difunto era pesado en una balanza contra la diosa Maat, que encarnaba la verdad y la justicia. Esta diosa era a menudo representada como una pluma de avestruz, el signo jeroglífico de su nombre. En este punto existía el riesgo de que el corazón del difunto diera testimonio y revelara los pecados cometidos en vida, aunque el sortilegio 30B prevenía esto. Si la balanza permanecía en equilibrio significaba que el fallecido había llevado una vida ejemplar, tras lo que Anubis lo llevaría hasta Osiris y podría encontrar su sitio en el más allá, convirtiéndose en maa-kheru, que significa «reivindicado», o «justo de voz». Si el corazón no estaba en equilibrio con Maat, lo esperaba la temible bestia Ammyt, la Devoradora, lista para engullirlo y mandar la vida de la persona en el más allá a un cercano y poco placentero final.

Ritual del Pesado del Corazón por parte de Anubis, Sortilegio 125 del Papiro de Ani.

Esta escena no es sólo remarcable por su intensidad, sino también como una de las únicas piezas del Libro de los Muertos con un contenido moral explícito. El juicio del difunto y la Confesión Negativa eran una representación del código moral convencional que rigió la sociedad egipcia. Mientras que los Diez Mandamientos de la ética judeo-cristiana son normas de conducta establecidas por revelación divina, la confesión negativa es más una aplicación de lo divino en la moralidad diaria. Las opiniones difieren entre los egiptólogos sobre hasta qué punto la Confesión Negativa representa una moral absoluta, con la pureza ética necesaria para el progreso en la otra vida. John Taylor señala que los textos de los sortilegios 30B y 125 sugieren una aproximación pragmática a la moralidad. Previniendo al corazón de contradecir con verdades inconvenientes, parece que el difunto podía entrar en el más allá aunque su vida no hubiera sido enteramente pura. Ogden Goelet dice que «sin una existencia moral y ejemplar, no había esperanza para un exitoso más allá», mientras que Geraldine Pinch sugiere que la Confesión Negativa es esencialmente similar a los sortilegios protectores de los demonios, y el éxito del Pesado del Corazón dependía más del conocimiento místico de los verdaderos nombres de los jueces que de la correcta conducta moral del fallecido.

Creación de un Libro de los Muertos

Detalle de una hoja del Papiro de Ani, en escritura jeroglífica cursiva

Un papiro del Libro de los Muertos era creado por escribas, a los que la gente se los encargaba en preparación de su propio funeral, o por familiares de alguien recién fallecido. Eran artículos caros, pues una fuente da un precio de un deben de plata para un rollo del Libro, más o menos el salario anual de un trabajador. El papiro en sí era costoso y en muchas ocasiones se reutilizaba para el papeleo cotidiano y también para crear un Libro de los Muertos, creando palimpsestos.

La mayoría de propietarios de Libros de los Muertos eran miembros de la élite social, e inicialmente sólo estaban reservados para los componentes de la familia real. Más tarde han sido hallados en las tumbas de escribas, sacerdotes y funcionarios. Sus poseedores solían ser hombres, y generalmente las viñetas incluyen también el retrato de sus esposas. Si en los primeros tiempos de la creación del Libro de los Muertos había sólo una copia de una mujer por diez pertenecientes a hombres, durante el Tercer período intermedio dos tercios correspondían a mujeres y en la etapa ptolemaica un tercio de los libros elaborados con escritura hierática tenían propietarias femeninas.

Las dimensiones de un Libro de los Muertos variaban ampliamente, pues los más cortos rondan 1 metro mientras que los más largos se acercan a los 40 metros. Están creados con hojas de papiro unidas cuya anchura varía de los 15 a los 45 cm. Los escribas que los elaboraban ponían bastante más cuidado en su escritura que en la de los documentos mundanos, y tenían gran cuidado de enmarcar el texto en sus márgenes y así evitar escribir en las uniones de las hojas. Las palabras peret em heru, «salida al día», aparecen algunas veces en el reverso de los papiros, tal vez actuando como un título. Normalmente los Libros eran prefabricados en los talleres funerarios y en ellos se dejaban espacios en blanco para añadir después el nombre del fallecido. Por ejemplo, en el Papiro de Ani, el nombre de «Ani» aparece en la parte superior o inferior de una columna, o inmediatamente después de una rúbrica para introducirlo a él como el pronunciador de un bloque de texto. Su nombre aparece manuscrito en el resto del papiro, aunque en algunos casos está mal escrito o ni siquiera aparece.

Libro de los Muertos de Pinedyem II. El texto está escrito en egipcio hierático, y el que acompaña al dibujo en jeroglíficos.

También se aprecian el uso del pigmento rojo y las uniones entre los papiros.

El texto de un Libro de los Muertos del Imperio Nuevo estaba normalmente escrito en jeroglíficos en cursiva, de izquierda a derecha y en algunos casos de derecha a izquierda. Los jeroglíficos se disponían en columnas separadas por líneas negras, una disposición muy similar a la de los textos grabados en paredes de tumbas y monumentos. Las ilustraciones se disponían en viñetas encima, debajo o entre las columnas de texto, aunque las de mayor tamaño ocupan todo un papiro. Las tintas para el texto eran tanto negras como rojas, con independencia de si se trataba de jeroglífico o escritura hierática, aunque predominaba el color negro y el rojo se reservaba para títulos de sortilegios, aperturas y cierres de capítulos, instrucciones para realizar los hechizos correctamente o los nombres de criaturas peligrosas como el dios Apep. La tinta negra se elaboraba con carbón y la tinta roja con ocre, en ambos casos aglutinados con agua.

A partir de la dinastía XXI se encuentran más copias de Libros elaborados con escritura hierática, similar a la de otros manuscritos del Imperio Nuevo, escritos con líneas horizontales anchas. A menudo la anchura de las líneas está en proporción con la de la hoja de papiro, y ocasionalmente los Libros de los Muertos en hierático contienen también partes en jeroglífico. El estilo y naturaleza de las viñetas usadas para ilustrar los Libros difería ampliamente, pues algunos contienen ricas ilustraciones en color que en determinados casos llegan a incluir pan de oro. Otros sólo contienen dibujos o una simple ilustración al principio.

Los papiros del Libro de los Muertos eran el resultado del trabajo solapado de varios escribas y artistas, y a veces es posible distinguir el estilo de escritura de varios escribas en un solo papiro. Algunos libros contienen sólo texto y espacios en blanco para unas ilustraciones que nunca se le llegaron a añadir.

REFERENCIA DIDÁCTICA

Descubrimiento, traducción, interpretación y publicación

Karl Richard Lepsius, primer traductor de un manuscrito completo del Libro de los Muertos.

REFERENCIA DIDÁCTICA

La existencia del Libro de los Muertos era ya conocida en la Edad Media, mucho antes de que su contenido pudiera ser entendido. Desde que fue descubierto en tumbas quedó claro que su temática era religiosa, lo que condujo a una errónea idea generalizada de que se trataba de un equivalente de la Biblia o el Corán.

El primer facsímil moderno del Libro fue producido en 1805 e incluido en la Description de l'Égypte del equipo de la expedición de Napoleón a Egipto. En 1822 Jean Francois Champollion comenzó a traducir el texto jeroglífico y, tras examinar algunos de los papiros del Libro de los Muertos, lo identificó como un ritual funerario.

En 1842 Karl Richard Lepsius publicó la traducción de un manuscrito datado en la época Ptolemaica con el título de «Das Todtenbuch der Ägypter» («El Libro de la Muerte de los Egipcios»), acuñando así el nombre con que es conocido en la actualidad. También identificó 165 sortilegios e introdujo el sistema para numerarlos que todavía está en uso. Lepsius promovió la idea de una edición comparativa del Libro sobre la base de todos los manuscritos relevantes, proyecto que fue realizado por Édouard Naville entre 1875 y 1886 con el resultado de un trabajo de tres volúmenes que incluía una selección de viñetas para cada uno de los 186 sortilegios incluidos, las variaciones de texto para cada uno y comentarios. En 1876 Samuel Birch, del Museo Británico, publicó una copia fotográfica del Papiro de Nebseny. El trabajo de Ernest Wallis Budge, sucesor de Birch en el Museo Británico, sigue siendo muy consultado, pues incluye tanto la edición en jeroglífico como en inglés, aunque esta última se considera inexacta y desactualizada. Los análisis posteriores del Libro de los Muertos han hallado nuevos sortilegios, y el número actual asciende a 192.

El trabajo de investigación en el Libro de los Muertos siempre ha planteado problemas técnicos debido a la necesidad de copiar largos textos jeroglíficos, que inicialmente eran reproducidos a mano con la ayuda de papel de calco o una cámara lúcida. A mediados del siglo XIX las fuentes jeroglíficas se trasladaron a reproducciones litográficas para hacer más factible la reproducción de manuscritos. En la actualidad los jeroglíficos pueden ser renderizados en un software de edición, lo que unido a la tecnología de impresión digital ha reducido considerablemente el precio de publicación de un Libro de los Muertos. Sin embargo, gran parte del material original almacenado en los museos permanece inédito.

Papiro de Ani

El Papiro de Ani: capítulo 125 del Libro de los Muertos.

El Papiro de Ani es la versión más conocida del Libro de los Muertos. Se calcula que fue escrito durante la dinastía XVIII, hacia el año 1300 y, entre todos los textos del Libro que se han encontrado, es el que tiene el mayor número de capítulos, todos decorados con dibujos que explican cada paso del juicio de Osiris.

Es uno de los papiros mayores que nos han llegado, ya que mide casi 26 metros. Forma parte de los fondos del Museo Británico desde 1888, cuando lo descubrió cerca de Luxor el Dr. E. Wallis Budge, agente de compras del museo, en una tumba de la dinastía XVIII.

Descripción

Los egiptólogos están de acuerdo en que fue escrito por tres escribas, ya que tiene grafías diferentes aunque de la misma escuela: la cofradía de Deir el-Medina, con las ilustraciones obra de la misma mano, algunas de ellas copias entre sí. El nombre de Ani aparece con una escritura diferente e intercalado en espacios en blanco, por lo que puede ser la persona que lo compró.

Forma parte de la llamada «versión tebana» del Libro, con capítulos sin orden fijo. (Desde la dinastía XXVI hasta la época tolemaica se usó la «versión saíta», con un orden fijo).

Está compuesto por tres láminas de papiro, pegadas entre sí, y dividido en seis secciones de entre 1,5 y 8 metros de longitud cada una. El texto ocupa 23,6 metros. Estaba enrollado y sujeto con una banda ancha de papiro.

Ani

En el texto aparece quién es Ani: «Escriba real verdadero, escriba y administrador de las ofrendas divinas de todos los dioses», «Gobernador del granero de los señores de Abidos y escriba de las ofrendas divinas de los señores de Tebas» y «Amado del señor del Norte y del Sur». Es decir, era un alto cargo pero su título no era honorífico: era escriba verdadero y administrador.

Su esposa, Tutu, era la Señora de la «Casa de las adoratrices de Amón», y está representada con el sistro y el collar, instrumentos de su oficio.

A pesar de que quizá aprovechó un papiro anterior y que por tanto no todo fuera hecho para él, los dibujos sí lo fueron ya que le mencionan a él y a su esposa Tutu. Esto confirma el conocimiento de su oficio, y probablemente además de escoger a los artistas colaboró en su ejecución. Por otra parte, el hecho de estar casado con una sacerdotisa de Amón hace creíbles sus altos cargos.

Teniendo en cuenta que estas copias del Libro de Los muertos costaban una fortuna, y que la mayoría de las personas sólo podían enterrar con ellas algún capítulo, a veces sin decorar, este papiro de gran tamaño y muy decorado nos da una idea de la posición social y las riquezas de Ani.

El texto

Isis y Neftis ante Osiris, con forma de pilar Dyed. Papiro de Ani.

Parece que el texto se adecuó a las imágenes (y no al revés, que suele ser lo usual). Sólo así se explican algunas diferencias con otras versiones, algunos cambios de los signos, así como la repetición del capítulo XVIII o la omisión del XVII, que parecen responder a necesidades simbólicas. Por otra parte, las explicaciones de algunas de las ilustraciones son más complejas que el propio texto.

El libro es un manual detallado de los pasos que el ka del difunto debe seguir en la Duat para sortear los peligros del camino hasta llegar al Juicio de Osiris y superarlo con éxito para vivir eternamente en el Más allá. El nombre real del Libro de los muertos o papiro de Ani es Libro para salir al día, aunque el título, podría traducirse como El libro del eterno despertar.

Ha sido uno de lo libros más influyentes de la historia y el referente religioso de los egipcios durante más de tres mil años.

La versión del Papiro de Ani constituye por su buena conservación, sus descripciones y por su estructura, la mejor fuente para el estudio del Libro de los Muertos y la versión más autorizada de la versión tebana.

Wallis Budge publicó en 1895 una traducción y transliteración de los jeroglíficos con comentarios descriptivos de las imágenes, una traducción literal y otra adaptada.

Oración del Ciego

En éste Papiro se encuentra la "Oración del Ciego" que sería la versión original del Padre Nuestro elaborada por Jesús de Nazaret.

El Dios de esta Tierra es el gobernante del horizonte,
Dios es para hacer gran su nombre,
lo Dedica a la adoración de su nombre,
Da su existencia de Dios,
El hará tu negocio,
Su semejanza está sobre la Tierra,
Dios es dado incienso y alimento ofrendas diarias,
El Dios juzgará el verdadero y honesto y perdonará a nuestros deudores,
Guarda contra la cosa que Dios abomina, me Preserva del mal,
Dios es el rey del horizonte,
de El poder, y de la gloria,
Él aumenta, él quienquiera que lo aumenta,
Permíteme que sea mañana como hoy.
 

Oración del Ciego'aprox. 1300 a.C

Padre nuestro,
que estás en los cielos,
santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino;
hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánosle hoy;
y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
no nos dejes caer en tentación,
mas líbranos del mal.
 

Padre Nuestro'aprox. 33 d.C.
 
 

Libro del Amduat

Tumba de Thutmose III.

El Libro del Amduat, ta medat imit duat «Aquello que hay en otro mundo», describe el viaje de Ra en su barca solar por la Duat, el Más Allá, durante las doce horas nocturnas, venciendo toda clase de peligros, y de su renacimiento al amanecer como Jepri; también fue conocido como Libro de la Cámara Oculta.

Es la composición religiosa más antigua de las tres que se utilizaron en el Imperio Nuevo en las tumbas reales sobre la vida de ultratumba. Su conocimiento daba al difunto la posibilidad de renacer cada día transformado en un Aj (espíritu), ya que describe los detalles del recorrido a seguir, y algunas ofrendas y rituales. Existen dos versiones, una sólo con textos y otra con textos y dibujos representadas en tumbas reales de las XVIII y XIX dinastías. La más antigua está en la tumba de Tutmosis I (KV38) y la más completa en la tumba de Tutmosis III ( KV34), que ha sido traducida al español por el Museo Arqueológico Nacional de España. La mejor versión se encuentra en la tumba de Sethy I (KV17), aunque hay escenas y textos sin completar.

Descripción

El libro establece las doce horas en las que Ra viaja por el río de las regiones oscuras Duat en su barca nocturna, hasta dejar su momia en la duodécima y renacer. Cada hora tiene tres partes: la central representa a Ra y a su séquito, Upuaut (El que abre los caminos), Sia (Concepto), Hu (Mandato) y otros, y la superior e inferior las orillas del río con sus habitantes.

La versión de la historia de los dioses representada en este Libro es la heliopolitana, redactada por los sacerdotes de Heliópolis, que confirma la supremacía de la creación de Ra, que crea su propia forma de Jepri, a los dioses de su barca como manifestaciones de él mismo, a los demás dioses (Enéada) y a la humanidad, como se refleja continuamente: los dioses de la Duat, el inframundo, reviven cada noche cuando oyen su voz y lo proclaman. El Abismo preexistente del que el gran dios nació por sí mismo, acecha continuamente así como sus criaturas que son aniquiladas por los dioses.

Diferencias con los otros libros

Libro del Amduat

Libro de las Puertas

Las cuatro razas (de izquierda a derecha): libios, nubios, sirios y egipcios. Tumba de Seti I

Asiático: palacio de Ramsés III. Louvre

Nubio: palacio de Ramsés III. Louvre

El Libro de las puertas es un texto sagrado del antiguo Egipto datado en la época del Imperio Nuevo. Narra el viaje del espíritu de un difunto en el otro mundo, y está relacionado con la marcha del Sol, aunque transcurre durante las horas nocturnas, en la Duat. El espíritu requiere pasar una serie de "puertas" en diferentes etapas del viaje. Cada puerta se asocia a una diosa diferente, y requiere que el difunto reconozca el carácter específico de cada deidad. El texto da a entender que algunas personas pasarán incólumes, mientras que otras sufrirán tormento en un lago de fuego.

La parte más célebre del Libro de las puertas se refiere a las diferentes razas de la humanidad conocidas por los egipcios; dividiéndolas en cuatro categorías que son normalmente expuestas como "egipcios", "asiáticos", "libios" y "nubios". Se les representa en procesión, entrando en el otro mundo.

El texto y las imágenes asociadas con el Libro de las puertas aparecen en muchas tumbas del Imperio Nuevo, inclusive en todas las tumbas de los faraones desde Horemheb a Ramsés VII. También se muestran en la tumba de Senneyam, un trabajador del poblado de Deir el-Medina, la antigua localidad de artesanos y artistas que construyeron las tumbas de los faraones del Imperio Nuevo

Cada diosa del Libro de las puertas tiene un título diferente, y portan vestidos de color distinto, pero son idénticas en todo lo demás y además llevan estrellas sobre sus cabezas. La mayor parte de las diosas son específicas del Libro de las puertas, y no aparecen en otros textos de la mitología egipcia, así que se ha sugerido que el relato se originó simplemente como un sistema para determinar el ciclo nocturno, con una diosa en cada puerta, siendo estas una alegoría de la principal estrella que surge en cada hora.

Libro de las Puertas

Libro de las Cavernas

Quinta división: escena de la tumba de Ramsés V/VI, KV9, cámara E, panel derecho.

El Libro de las Cavernas es el texto más tardío de los libros funerarios del Imperio Nuevo de Egipto, y se le llama así porque en él el Duat (Más Allá) está dividido en cavernas. También es el más literario, predominando los textos sobre las imágenes.

El difunto atraviesa en su recorrido una serie de cuevas, y se relatan los premios que puede recibir, así como los castigos que se padecen: tiene la mejor descripción del infierno que nos han legado los egipcios.

Así como el Libro del Amduat describe el camino a seguir por el difunto y el Libro de los muertos enseña toda clase de sortilegios para llevar a buen fin el viaje al otro mundo, éste da la información para que eluda cometer actos durante su vida que serán severamente castigados en la otra. Una versión completa se encuentra en el cenotafio de Sethy I, y otra en la tumba de Ramsés VI (KV9).

Tumba de Ramsés IV.

Descripción

Está dividido en dos mitades por dos pinturas del dios sol con cabeza de carnero, que constan a su vez de tres partes –en total seis divisiones– combinando el texto con las imágenes, en lugar de las horas en que se dividen los otros libros: Libro del Amduat y Libro de las Puertas. Hay una serie de óvalos que representan ataúdes, y en el registro inferior los enemigos del dios Sol son representados cabeza abajo, en colores rojo y negro, con las manos atadas a la espalda. La procesión avanza paralelamente al camino del dios por las cavernas, hasta que son quemados en calderas en la división quinta mientras el sol nace desde la Duat.

Diferencias con los otros Libros

Libro de las Cavernas

Textos de los Sarcófagos

Los Textos de los Sarcófagos son escritos que contienen conjuros pintados o grabados en los sarcófagos y ataúdes (de ahí su nombre actual) del Antiguo Egipto, principalmente durante el Imperio Medio.

Son un repertorio de fórmulas sagradas, ofrendas y rituales de inspiración solar y osiríaca cuya finalidad era ayudar al fallecido a protegerse de los peligros que pudiera encontrarse en el viaje por el otro mundo, la Duat, preservando así la inmortalidad del difunto. También contienen los métodos para poder alimentarse en la otra vida.

Sarcófago del canciller Najty (ca. 1950-1900 a. C.). Dinastía XII (Imperio Medio). Hallado en Asiut.

Surgen a partir del primer periodo intermedio de Egipto (c. 2100 a. C.) y se desarrollan durante el Imperio Medio, cuando se cree que la nobleza consiguió el derecho utilizar los textos mágico-religiosos, que antes solo estaban reservados a los faraones.

Su origen proviene -en parte- de los Textos de las Pirámides (c. 2350 a. C.) del Imperio Antiguo, época en que la inmortalidad y resurrección estaba limitada únicamente a la realeza, aunque incluyen muchos nuevos contenidos y creencias propias del Imperio Medio.

El pueblo solo pudo acceder a las fórmulas sagradas a partir del Imperio Nuevo (c. 1500 a. C.) y esto dio lugar a los textos del denominado Libro de los Muertos.

Textos de los Sarcófagos

Textos de las Pirámides

Los Textos de las Pirámides son un repertorio de conjuros, encantamientos y súplicas, grabados en los pasajes, antecámaras y cámaras sepulcrales de las pirámides del Imperio Antiguo con el propósito de ayudar al faraón en la Duat y asegurar su resurrección y la vida eterna. Son una recopilación de textos, sin orden aparente, de creencias religiosas y cosmológicas muy antiguas, que debieron emplearse durante la ceremonia funeraria. Algunos textos ya aparecen en estelas y mastabas de las dos primeras dinastías.

Textos de las Pirámides, inscritos en la cámara sepulcral de la pirámide de Teti, en Saqqara.

Los textos ya debían existir en papiros al menos en los tiempos de Unis, el último faraón de la dinastía V de Egipto, y desde aquí se copiaron a los muros y techos de su pirámide, denominada por los egipcios: "Perfectos son los lugares de Unis". Por tanto, su pirámide es el primer lugar en el que se escribieron los Textos de las Pirámides en un soporte duradero, al menos que se haya conservado. Los textos están compuestos por 228 declaraciones. Posteriormente se convirtió en práctica habitual inscribirlos en el interior de las pirámides de los faraones del Imperio Antiguo, llegando a 759 conjuros (compilados por R. Faulkner).

Contenido

No es un relato o narración ordenada, sino extractos de teorías de la crea, fragmentos de las luchas entre Horus y Seth, de leyendas y, fundamentalmente, fórmulas para permitir al faraón la resurrección, ascensión e identificación del faraón con los dioses.

En estos textos se aprecian dos teorías cosmológicas: la primera con mitos solares, contemporáneos de los faraones que ordenaron grabarlos, donde el rey es conducido hacia el dios solar Ra, y la segunda con una mitología estelar mucho más antigua, donde el camino se dirige a las estrellas circumpolares, aquellas que eran consideradas inmortales por permanecer siempre visibles en el cielo nocturno.

Contiene, junto con rituales de incensación, ofrendas de comida, bebida y vestuario, las ción

fórmulas para que el faraón pudiera transformarse en el aj más importante de todos los aj que residían en la Duat, sortilegios para conseguir eludir los animales malignos y los peligros topográficos. También para que pudiera ascender al "Más Allá", como una estrella, y transfigurarse en un ser divino.

Textos de las Pirámides

Restos de la pirámide de Unis en Saqqara, donde fueron grabados los primeros Textos de las Pirámides.

Evolución de creencias y textos

Su evolución dará lugar a los Textos de los Sarcófagos, que durante el Primer periodo intermedio de Egipto comenzaron a escribirse en los sarcófagos de los nobles y potentados. En el Imperio Medio son de dos tipos: biográficos, narrando también la vida del difunto, o jurídicos, describiendo el legado de sus bienes. A partir de está época la inmortalidad dejó de ser un privilegio exclusivo del faraón, siendo ya posible para las clases más altas.

Durante el Imperio Nuevo, empezaron a escribirlos en papiros que se depositaban dentro del sarcófago, alcanzando gran difusión y dando origen al denominado Libro de los Muertos, en el que se describe qué deberá hacer el espíritu del difunto para obtener la inmortalidad. Este texto experimentará postreras evoluciones hasta la dinastía XXVI. La inmortalidad ya alcanzan a disfrutarla aquellos "egipcios justos" que pudieran recitar en la Duat las fórmulas del Libro de los Muertos y costearse los rituales de embalsamamiento y entierro, para preservar su ba.