Gamal Abdel Nasser


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Presidente de Egipto
16 de enero de 1956-28 de septiembre de 1970
Predecesor Muhammad Naguib
Sucesor Anwar el-Sadat

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Secretario General del Movimiento de Países No Alineados
10 de octubre de 1964-10 de septiembre de 1970
Predecesor Josip Broz Tito
Sucesor Kenneth Kaunda

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Presidente de la República Árabe Unida
1 de febrero de 1958-28 de septiembre de 1970

Información personal
Nacimiento 15 de enero de 1918
Flag of Egypt (1882-1922).svg Alejandría, Egipto británico
Fallecimiento 28 de septiembre de 1970 (52 años)
Bandera de Siria El Cairo, RAU
Causa de muerte Infarto agudo de miocardio
Nacionalidad Egipcia
Creencias religiosas Islam
Partido político Partido Unión Árabe Socialista
Familia
Cónyuge Tahia Kazem
Educación
Alma máter Academia Militar de Egipto
Información profesional
Ocupación Militar
Participó en Guerra Civil de Yemen del Norte
Distinciones
  • Orden de Lenin
  • Héroe de la Unión Soviética
Firma Nasser(PresidentofEgypt).jpg
 

Gamal Abdel Nasser, también escrito como Gamal Abd al-Nácer (en árabe, جمال عبد الناصر Ŷamāl ʿAbd an-Nāṣir; Alejandría, 15 de enero de 1918 - El Cairo, 28 de septiembre de 1970) fue un militar y estadista egipcio y el principal líder político árabe de su época, conocido impulsor del panarabismo y del socialismo árabe. Ocupó el cargo de presidente de Egipto desde 1956 hasta su muerte en 1970.

Biografía

Nasser nació en 1918, según unas fuentes en un pueblo de la provincia de Asiut (Alto Egipto) y según otras, en la ciudad deltaica de Alejandría. Primogénito de un funcionario de correos, estudió en la Academia Militar entre 1938 y 1939, graduándose e ingresando como teniente en las fuerzas armadas, lo cual le permitió acceder a un nivel de vida mejor al de las masas egipcias. Nasser pronto demostró iniciativa personal y ascendió prontamente en las filas del ejército, y en 1948 participó en la guerra contra Israel con el grado de comandante. Al año siguiente, en 1949, fundó junto a otros militares jóvenes la organización de los Oficiales Libres, que en 1952 daría el golpe de Estado que destronó al rey Faruq I y proclamó la República, dirigida por el Consejo de la Revolución, que él mismo comandaría hasta su muerte.

 

Llegada al poder

En 1952 Egipto estaba afectado por una aguda crisis a todos los niveles: corrupción, inoperancia de la Constitución, control absoluto por parte de los británicos y los franceses, miseria de la población, desprestigio de la figura del rey, etc. El ejército también se encontraba convulso por la derrota frente a Israel en la Guerra árabe-israelí de 1948, y en su seno se había formado una sociedad secreta (creada en el año 1949) llamada Movimiento de Oficiales Libres.

Toda la crisis desembocó en el alzamiento de 1952. La dirección del movimiento corrió a cargo del ejército, liderados por el Comité de Oficiales Libres (donde pronto destacaría la figura de Nasser). Estos militares pronto entraron en contacto con partidos de izquierda y con otros grupos contrarios al régimen. El movimiento revolucionario se desencadenó con el golpe militar del 22 de julio de 1952, que se impuso sin demasiada oposición.

Con la llegada al poder, el Movimiento de los Oficiales Libres, hegemónico en el gobierno, comenzó a aplicar su programa, cada vez más vinculado a las ideas personales de Nasser. El nuevo régimen se debatió entonces entre dos proyectos contradictorios representados por las dos figuras centrales de la revolución. El general Muhammad Naguib, Presidente de la República, que abogaba por la convocatoria de una asamblea constituyente y el restablecimiento de las libertades políticas y Nasser, vicepresidente, que defendía en cambio un régimen de unidad y dignificación a través del socialismo. En noviembre de 1953 Naguib fue destituido de todos sus cargos y sometido a arresto domiciliario por directivas de Nasser. Con esto, Nasser se convertía en cabeza de la revolución y en hombre fuerte de la política egipcia.

Los años 1955 y 1956 sirvieron para la consolidación del liderazgo de Nasser, que se convirtió en una prestigiosa figura a escala internacional. En este contexto se llegaba a la crisis internacional del Canal de Suez.

La nacionalización del Canal de Suez

El Presidente Gamal Abdel Nasser junto a Nikita Kruschev durante las negociaciones por la represa alta de Asuán (1956).

En septiembre de 1956, el presidente Nasser procedió a nacionalizar el Canal de Suez como medida para financiar la construcción de una enorme represa sobre el Nilo en Asuán, condición requerida por el Banco Mundial para conceder un crédito a Egipto, tomando en cuenta que una represa implicaría irrigar el Delta del Nilo con mayor frecuencia, una mayor productividad de la agricultura nacional, y reducir en gran medida la importación de alimentos (que resultaba gravosa para Egipto). La medida, postura de fuerza antioccidental y de afirmación nacionalista, fue recibida con indignación por Francia y el Reino Unido (accionistas de la compañía propietaria del Canal), acción tras la cual ambos países realizaron una invasión de la zona del canal, desencadenando la denominada Guerra del Sinaí. Al mismo tiempo, Israel aprovechó la difícil situación egipcia y desplegó sus tropas en la península del Sinaí, estallando una guerra el 22 de octubre de 1956.

Los ataques francobritánicos obtuvieron el rechazo de los Estados Unidos y la URSS, culminando con la completa retirada de las tropas de las potencias europeas en los primeros días de noviembre, y de los militares israelíes desplegados en concurso de los anteriores. La guerra consagró el final de los imperios coloniales tradicionales en Oriente Medio e inició de facto la Guerra Fría en dicha región y lo que conllevó ésta: la batalla entre las superpotencias por el control de diversas zonas del mundo. La URSS ganó cierta influencia sobre Egipto, ofreciendo su ayuda financiera y técnica para la construcción de la presa de Asuán.

 
LA OTRA CARA DEL CANAL DE SUEZ

Auge y declive del nasserismo

Nasser dando un discurso en Homs, Siria (1961).

La Conferencia de Bandung, celebrada en abril de 1955, convirtió a Nasser en uno de los líderes (junto al yugoslavo Tito y el indio Nehru) de la filosofía del neutralismo positivo o movimiento de los no alineados.

A partir de la nacionalización del Canal, Nasser se convierte en referente principal del nacionalismo árabe o panarabismo, de orientación socialista y populista. Con fundamentos panarabistas, Nasser intentó sin éxito ganarse un lugar en el comercio de petróleo con las grandes potencias, del que Egipto no participaba. En febrero de 1958, a iniciativa del Partido Baaz de Siria, se unificaron los dos Estados en la República Árabe Unida, bajo la presidencia de Nasser, aunque se disolvió en septiembre de 1961.

La política interna de Nasser se caracterizó por un fuerte autoritarismo aunque el propio Nasser evitó dar la apariencia de una dictadura e insistió en mostrar a las fuerzas armadas (y no a él mismo) como «verdadero detentador del poder». Firme creyente en el panarabismo, Nasser pugnó por expandir sus ideas al resto de países árabes y mostró solidaridad con los movimientos anticoloniales en Túnez y Argelia, mientras apoyaba a políticos de Oriente Medio que suprimían la influencia británica o francesa en la región. Nasser se adhirió a las doctrinas del socialismo árabe y en consecuencia redujo drásticamente el poder de la antigua aristocracia egipcia, impulsando la intervención estatal en la economía, estatizando empresas de capitales británicos y franceses, y dictando leyes sociales en favor del laicismo (emancipación de la mujer, primacía de las cortes civiles sobre las religiosas). Si bien Nasser era un sincero musulmán también se mostraba listo a perseguir clérigos islámicos que cuestionaran la «revolución del socialismo árabe», esto le llevó a una pugna con los sectores más radicales del islam como los Hermanos Musulmanes, a los cuales Nasser percibió como «saboteadores retrógrados» que «buscaban retornar al viejo orden», y que fueron perseguidos activamente desde 1953.

En la Guerra de los Seis Días (junio de 1967) el ejército egipcio, coordinado con los de Siria y Jordania (que conformaban la Coalición Arábica), sufrió una estrepitosa derrota en tierra y aire ante Israel, suponiendo el principio del declive del aura de Nasser y, en general, del nacionalismo árabe. La enorme superioridad en táctica y estrategia de los militares israelíes había quedado demostrada en la medida de que dicho país, con fuerzas armadas pequeñas en número pero muy bien entrenadas, pudo causar serias derrotas a los tres ejércitos de la Coalición en solamente seis días, y la crisis árabe se profundizó de esta manera. Tras conocerse en Egipto las noticias del triunfo israelí, Nasser ofreció su renuncia, pero sus asesores (entre ellos Anwar el-Sadat) le requirieron que siguiera en su puesto, mientras manifestaciones callejeras exigían a Nasser continuar en el poder, por lo cual la renuncia fue anulada. El nasserismo inspirará todavía la revolución que tuvo lugar en Libia, dirigida por Muamar el Gadafi en 1969, que preparó también un proyecto de unificación política entre Egipto y Siria en 1970, que no llegaría a cuajar y que fue disuelto tras dos años.

Nasser murió repentinamente de un ataque cardíaco el 28 de septiembre de 1970. Le sucedió Anwar Sadat, quien encabezaría un cambio de rumbo abrupto en la política exterior de Egipto rompiendo la alianza con la URSS y buscando nexos con los EE. UU. Nasser fue, además, nombrado Héroe de la Unión Soviética.

Fragmento de la obra: Filosofía de la revolución, 1953, de Nasser

"(…) El destino no puede ser confundido con un juego de azar. Los acontecimientos no se producen casualmente. La existencia no procede de la nada.

No podemos, ciertamente, contemplar, de una manera estúpida, un mapa del mundo sin comprender cuál es el lugar que ocupamos en él y la misión que nos confiere la ocupación de nuestro factor lugar. ¿Es posible que podamos ignorar la existencia de un Círculo Arabe que nos rodea, y que dicho Circulo es parte de nosotros mismos, como nosotros somos parte de él? La historia nos ha incluido y fundido con él y sus intereses son nuestros intereses, lo que queda expuesto son hechos reales y no simples palabras.

¿Podemos ignorar la existencia del continente africano, donde el Des¬tino nos colocó, y que es actualmente testigo y escena de una lucha terrible por su porvenir? Una lucha cuyas consecuencias nos afectarán, irremediablemente, queramos o no.

¿Podemos ignorar que existe un Mundo Musulmán al que estamos unidos por lazos no sólo forjados por la fe religiosa, sino también por las realidades históricas? He dicho, anteriormente, que el Destino no es un juego de azar. No en vano nuestro país se halla al sudoeste de Asia, incrustado en el Mundo Árabe, cuya vida se mezcla, directamente, con nuestra vida. No en vano nuestro país se halla en el nordeste de Africa, en posición geográfica dominante sobre el continente negro, que se agita hoy en violenta lucha entre los colonizadores blancos y los nativos de color, disputándose la posesión de sus riquezas inagotables. No en vano la civilización y la herencia islámica —que los mogoles arrasaron durante sus conquistas de las capitales antiguas del Islam—, vinieron a refugiarse en Egipto, donde hallaron seguridad y protección cuando el contraataque de Ain Galout, con el que Egipto rechazó la invasión de los tártaros.

Los hechos fundamentales ya manifestados tienen sus raíces, profundamente incrustadas, en nuestra vida. Sea lo que quiera que nosotros hagamos, no podemos ni olvidarlos, ni pretender desentendernos de ellos. No sé exactamente por qué recuerdo siempre, al llegar a este punto de mis reflexiones, la obra de Pirandello, Seis personajes en busca de autor una de las comedias más conocidas del famoso escritor italiano.

La Historia está llena de las gloriosas proezas de nuestros héroes, que supieron ser protagonistas, en el escenario de la Patria, heroicamente. Pero también en la Historia hay papeles grandes y heroicos que no encontraron el autor que los captase en momentos decisivos.

No sé de manera exacta por qué causa imagino, constantemente, que, en esta parte del mundo en que vivimos, existe un papel sin autor; un papel grandioso que busca, constantemente, alguien que sepa representarlo. Y no sé por qué me imagino que este papel —esta misión, estaría mejor expresado—, va errando a lo largo de la extensa zona que nos rodea en busca de quien sea capaz de desempeñarle y acaba por caer agotado junto a nuestras fronteras exigiendo que actuemos con el fin de encarnarlo, ya que nadie lo podrá hacer más que nosotros.

Me apresuraré a manifestar que no se trata de una misión de caudillaje, sino de una misión de acción conjunta y coordinada, de experimentación con todos los factores que en ella participan, de una misión encomendada a nosotros para que pongamos en movimiento la poderosa energía latente en cada rincón de este vasto territorio del mundo y utilicemos esa fuerza tremenda haciéndole desempeñar un papel decisivo para mejorar el futuro de la Humanidad (…)".